
Introducción
La vida contemporánea enfrenta desafíos que ponen en cuestión la dignidad humana: pobreza, desigualdad, crisis educativa y pérdida de referentes éticos. Ante ello, surge la necesidad de replantear los propósitos individuales y colectivos. Este ensayo propone una reflexión filosófica y científica en torno a la felicidad y el bienestar como sentido de la vida de todo ser humano, integrando sabiduría ancestral, filosofía clásica y hallazgos de la neurociencia.
La crisis contemporánea
La pobreza y la exclusión no son fenómenos naturales, sino construcciones sociales que reflejan injusticia estructural. Aristóteles ya advertía que la vida buena (eudaimonía) requiere condiciones materiales y sociales que permitan el desarrollo de la virtud. Sin justicia, la felicidad se vuelve inaccesible para la mayoría.
El sistema educativo, al desperdiciar talentos, niega a los ciudadanos la posibilidad de alcanzar bienestar. La ética comunitaria exige superar el doble rasero existente en el modelo social y construir una sociedad coherente, saludable y justa.
Propósito y sistema neuronal
El ser humano necesita dirección. Viktor Frankl subrayaba que “quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cómo”. El propósito vital es la brújula que orienta la existencia.
La neurociencia confirma esta intuición: el sistema neuronal procesa la información en función de los objetivos internalizados. Los circuitos de recompensa y motivación se activan cuando las metas son claras y significativas. Así, el propósito no solo es cultural, sino también biológico: orienta la conducta hacia el bienestar.
La sabiduría ancestral, de los padres y abuelos, aporta identidad y ética comunitaria, recordándonos que la vida no comienza con uno mismo, sino que es continuidad y trascendencia.
3. Felicidad y bienestar como sentido de la vida
La tradición filosófica y psicológica converge en que la felicidad es el horizonte de la existencia:
- Sócrates: la vida examinada es condición de plenitud.
- Aristóteles: la felicidad depende de la virtud y del cultivo de talentos.
- Kierkegaard: la vida es experiencia, no problema.
- Jung: el autoconocimiento es despertar.
- Fromm: la vida es un proceso de creación personal.
La psicología positiva (Seligman) complementa esta visión: el bienestar se construye en torno a emociones positivas, compromiso con actividades significativas y sentido de vida. En este marco, la felicidad no es un estado pasivo, sino un proceso activo que integra reflexión, propósito y comunidad.
Por tanto, el sentido de la vida se explica como búsqueda de felicidad y bienestar, entendidos no como placer inmediato, sino como plenitud ética, emocional y social.
4. Familia y comunidad como pilares
El bienestar humano requiere un entorno afectivo estable. La teoría del apego (Bowlby, Ainsworth) demuestra que las relaciones tempranas con los padres configuran la base emocional y cognitiva de los hijos. Conflictos prolongados entre progenitores afectan la capacidad de los niños para construir propósitos y alcanzar felicidad.
La comunidad, por su parte, debe asumir un rol activo en la formación ciudadana. Hans Jonas, en su ética de la responsabilidad, recuerda que el futuro depende de nuestras acciones presentes, especialmente en relación con la vida y la tierra como fundamentos de supervivencia y bienestar colectivo.
Que el 2026 sea otro andar
La hora ha llegado de construir propósitos que integren ética, ciencia y sabiduría ancestral. La felicidad y el bienestar no son añadidos, sino el sentido mismo de la vida: vivir con propósito, autoconocimiento y compromiso comunitario.
El sistema neuronal confirma que los propósitos orientan la conducta hacia la resiliencia y el bienestar. La filosofía y la psicología muestran que la felicidad es el horizonte que da coherencia a la existencia.
Que el año 2026 sea un punto de inflexión: pasar del sueño a la realidad, de la intención a la acción. Vida y tierra, como fundamentos, nos convocan a una existencia plena, ética y feliz.
Un abrazo saludable para todos y todas, especialmente a los niños, niñas y ancianos sabios de la vida, ojalá pudiéramos alcanzar el tiempo de escucharlos sobre las verdades de la vida que han alcanzado, ¡cuánto nos ayudaría ello!.
