
Introducción
La escuela peruana enfrenta una crisis multidimensional que afecta
profundamente a sus estudiantes: violencia escolar, conflictos emocionales,
desarraigo cultural y ausencia de referentes familiares.
Estas referencias del contexto de los estudiantes los hace próximos a las
características de la violencia del modelo social, que en buena medida se
convierten en referentes para sus vidas, dado que la estructura del modelo
familiar es débil y ausente, es entonces que pasan a vivenciar ese modelo dado
que el natural de cada uno de ellos esta vacío y les es urgente llenar el vacío.
Algunos se hacen resilientes a la oferta y otros si cuentan con una dinámica
apropiada para su desarrollo.
En este contexto, la educación vivencial-emocional emerge como una
alternativa transformadora que no solo enseña, sino que sana, reconecta y
reconstruye el tejido humano desde la experiencia, el afecto y la cultura.
Creemos que la educación tiene que ser mas colectiva y humana. Más cercana
y vigente para sus vidas, con la capacidad que pueda construir la escuela.
En este artículo creemos poner en vigencia el tema para concientizar a la para
directriz, docentes, como espacios amigables, el conjunto de los padres como
referentes del amor que construye y edifica y, también de la propia
comunidad, que es el escenario de batalla diaria en las conductas.
La historia de bienestar, como objetivo del modelo social, requiere de todos,
para que estos puedan experienciar la felicidad.
𝗥𝗲𝗮𝗹𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗽𝗲𝗿𝘂𝗮𝗻𝗮: 𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲 𝗹𝗮 𝘃𝗶𝗼𝗹𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮 𝘆 𝗲𝗹 𝗱𝗲𝘀𝗮𝗿𝗿𝗮𝗶𝗴𝗼
En 2024, el Perú registró más de 19,600 casos de violencia escolar, con
predominio de agresiones psicológicas y sexuales, que son los que aparecen
en la data y exposiciones de información. Esta violencia no es aislada, es una
realidad asentada en los hogares del país, que está transitando en todas las
ciudades del país con propias características: refleja un entorno social
marcado por familias fragmentadas, comunidades en conflicto, pobreza
estructural y escasa atención emocional a los casos que están en el centro de
las ciudades del país o de los propios centros hospitalarios. Los estudiantes,
especialmente en regiones como Callao, Lima, Piura, Trujillo, Cusco y Puno,
enfrentan riesgos como el pandillaje, la oferta misma de la violencia que
conmueve al país, el consumo de sustancias y el abandono escolar. La relación
es vinculante para nuestros estudiantes. Un riesgo relaciona con los otros.
En este escenario, la violencia se convierte en un modelo de identidad juvenil.
Para muchos adolescentes, representa poder, pertenencia y reconocimiento,
ante la ausencia de afecto y referentes positivos. La psicología del aprendizaje
social (Bandura) y el modelo ecológico de la violencia explican cómo estas
conductas se reproducen y se refuerzan en contextos de exclusión.
𝗘𝗹 𝗰𝗼𝗻𝗳𝗹𝗶𝗰𝘁𝗼 𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹 𝘆 𝗹𝗮 𝗿𝘂𝗽𝘁𝘂𝗿𝗮 𝗰𝗼𝗻 𝗹𝗼 𝗮𝗻𝗰𝗲𝘀𝘁𝗿𝗮𝗹
Más allá de la conducta, los estudiantes viven una crisis emocional profunda
que altera su percepción de la vida. La desesperanza, la tristeza y la ansiedad
se han vuelto comunes, afectando su forma de pensar, sentir y actuar. A esto
se suma una ruptura con sus fuentes ancestrales: pérdida de lenguas
originarias, saberes comunitarios y vínculos espirituales. Esta desconexión
genera una orfandad cultural que debilita la identidad y el sentido de
pertenencia.
El desarrollo, visto como línea de vida, tiene a las etapas de pre y concepción,
infancia, niñez y adolescencia como etapas que deben ponerse atención.
Desde la construcción de la decisión de ser padres, plan de responsabilidades
basadas en el amor, o la sola responsabilidad sin dañar la figura de los padres
para llenar la vida de los hijos. Al no ser así hay una predisposición al rechazo,
la desvalorización, desamparo, desprotección, pánico que posibilitarán el
conflicto emocional del propio seno y centro de la vida, el hogar, lo que
motivará a buscar llenar el vacío con pequeñas dosis de estima y valor, que son
sustanciales para asumir una condición de vida de riesgo.
𝗘𝗱𝘂𝗰𝗮𝗰𝗶ó𝗻 𝘃𝗶𝘃𝗲𝗻𝗰𝗶𝗮𝗹-𝗲𝗺𝗼𝗰𝗶𝗼𝗻𝗮𝗹: 𝗳𝘂𝗻𝗱𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗼𝘀 𝘆 𝗽𝗿𝗶𝗻𝗰𝗶𝗽𝗶𝗼𝘀
La educación vivencial-emocional se basa en el aprendizaje significativo
(Piaget, Vygotsky, Kolb) y en la educación emocional como componente para
activar la parte cognitiva y la acción social sustanciosa para la vida de cada uno
(D. Goleman, R. Bisquerra). Sustanciales en la que los padres, unidos en su
propia fuente de hogar o separados tienen que cumplir su tarea.
En el contexto peruano, se inspira en pensadores como José María Arguedas
y Gustavo Gutiérrez, que defienden una pedagogía del vínculo, la dignidad y
la interculturalidad. Es decir, hacerla bonita, realmente significativa para la
fuente de un modelo de bienestar de todos valorando sus saberes.
𝗦𝘂𝘀 𝗽𝗿𝗶𝗻𝗰𝗶𝗽𝗶𝗼𝘀 𝗳𝘂𝗻𝗱𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗮𝗹𝗲𝘀 𝘀𝗼𝗻:
- Aprender haciendo: el estudiante como protagonista de su proceso.
- Integración emocional: espacios seguros para expresar, reflexionar y
sanar. - Reconexión cultural: recuperación de saberes ancestrales, arte
comunitario y espiritualidad andina.
Propuesta educativa vivencial-emocional
Queda en sanar, reflexionar, reconectar, aceptar y saber recibir. Lo que se trata
es que la escuela debe atender la necesidad de sus actores. Repensar sus
objetivos institucionales, metodologías, estrategias, planes, como también los
padres, ir, ser escuchados, escuchar, ser reparados y volver a sus fuentes con
la alegría de la riqueza que acaba de reconocer y darle el valor.
La crisis no se trata de dos, del conflicto de dos, sino de los hijos estudiantes,
y ello incluye a la comunidad.
La propuesta se articula en cuatro ejes, dirigidos a estudiantes, familias,
docentes y líderes comunitarios:
- Estudiantes
- Talleres de arte ancestral (música, danza, pintura).
- Círculos de diálogo emocional.
- Proyectos comunitarios con sabios locales.
- Juegos cooperativos y bitácoras emocionales.
- Familias
- Escuelas de padres con enfoque emocional.
- Talleres sobre crianza respetuosa.
- Encuentros familiares con dinámicas vivenciales.
- Revalorización de saberes y tradiciones.
- Docentes
- Formación en educación emocional y vivencial.
- Diseño de experiencias significativas.
- Propiciar la construcción de reforzadores transversales a la malla
curricular, y de vivencias colectivas - Acompañamiento reflexivo entre pares.
- Integración de contenidos culturales.
- Comunidad
- Mesas de diálogo intergeneracional.
- Proyectos de desarrollo local con participación estudiantil.
- Celebraciones culturales y rituales comunitarios.
- Red de protección comunitaria.
Impacto esperado - Reducción de la violencia escolar y conductas de riesgo.
- Mejora en la salud emocional y el sentido de pertenencia.
- Construcción de los proyectos de vida con el horizonte de ser felices y
alcanzar el bienestar. - Revalorización de la identidad cultural.
- Fortalecimiento del vínculo entre escuela, familia y comunidad.
Conclusión
La educación vivencial-emocional no es una moda pedagógica: es una
respuesta ética, cultural y humana a la crisis que viven los estudiantes
peruanos. En un país donde la escuela puede ser el único espacio seguro, esta
propuesta representa una oportunidad para transformar el dolor en
aprendizaje, la exclusión en comunidad y el desarraigo en identidad.
Queda comprender que la educación no es solamente cognitiva, ni el ser
humano debe ser medible por algo que se debe desarrollar, sostener, alentar
desde las dimensiones de todo ser humano. El ser humano es el que debe despertar sus capacidades reconociéndose valorado, estimado, amado y de reconocerse un ser colectivo
