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PERÚ: REALIDAD, DEBATE PRESIDENCIAL Y MODELO SOCIAL

Hace unos días escuchamos a exministros de economía de regímenes anteriores. Ellos manifestaban preocupación por la estabilidad de la economía, considerada como el logro máximo y el indicador social objetivo de este modelo, así como por el crecimiento “hacia adelante”. Esta discusión surgió al reconocerse la deuda social con un sector de extrabajadores de la educación por conceptos de servicio. Señalaban que la aprobación de la norma de pago de estos derechos afectaba en buen porcentaje la proyección del presupuesto del Estado para este y los siguientes años, “afectando la estructura económica del Perú”.

Nuestra reflexión sobre la deuda social es que se la está tratando de forma antojadiza, parcial y excluyente. Basta observar la estructura del actual modelo de país, sus prioridades y el comportamiento político del Ejecutivo y el Legislativo, para comprender cómo se ha gestionado en privilegio y, con ello, se ha creado una deuda social del Estado hacia todos los ciudadanos. No se trata solo de una deuda de derechos, sino hacia la vida misma de todos. La gestión del país no responde a conceptos de desarrollo humano, y las consecuencias son muy serias: se mantiene un estándar de vida privilegiado para pocos, mientras millones sobreviven. Para unos, el país es un negocio; para otros, apenas subsistencia.

La estructuración de un modelo social que tenga por objetivo el desarrollo humano es una tarea pendiente. No se trata de concebir al Estado como una agencia de asistencia social, sino de diseñar un modelo con reglas para vivir bien, con oportunidades para todos, y con una ingeniería económica productiva diversa y dinámica.

Este modelo debe privilegiar la vida de los ciudadanos, considerar la salud como bienestar, fomentar actividades industriales que dignifiquen el trabajo, y conectar sistemas económicos complementarios: tierra, suelo, subsuelo, mar, cielos y agua. La educación debe conducir a la felicidad, estructurando proyectos de vida por etapas. La oferta laboral regional debe ser confiable, significativa y circular, poniendo en valor el capital humano y los territorios. Apostamos por una economía circular que reintegre lo que produce, transforme territorios en oportunidades y convierta el pago de derechos laborales en inversión regenerativa. Cada ciudadano reconocido como capital humano es un ciclo de confianza, productividad y cohesión social. La deuda social no debe ser vista como carga del pasado, sino como semilla de futuro.

Rechazar el modelo lineal que agota recursos y precariza al capital humano es una tarea de discernimiento ciudadano. Rechazar el entreguismo de la patria a bandas delincuenciales en toda la estructura del Estado es una prioridad: la vida es trascendencia, no delincuencia.

DEL MODELO SOCIAL DEL BIENESTAR CON PROTAGONISMO DE LAS CAPACIDADES

La gobernanza no puede ser servil a intereses particulares del grupo de turno. Debe ser participativa, transparente y orientada al bienestar colectivo. Gobernar significa gestionar el Estado sobre premisas de desarrollo, considerar al capital humano en igualdad de capacidades productivas y sembrar paradigmas de desarrollo desde las regiones, con dignidad para todos los ciudadanos.

Un Estado con modelo social orientado a la vida fortalece la democracia, porque reconoce a los ciudadanos como sujetos de derechos y protagonistas del desarrollo. Como señalaba Richard Titmuss: “El bienestar no es un lujo, sino una necesidad para la cohesión social.”

John Stuart Mill advertía que la libertad individual solo florece cuando existen condiciones sociales que la sostienen. Sin educación ni oportunidades, la libertad es mera abstracción. John Maynard Keynes subrayó que la inversión pública en bienestar no es un gasto improductivo, sino un motor de estabilidad y crecimiento. Sin embargo, en el Perú no se ha estructurado un modelo de gestión que capitalice estas ideas.

Atender a los ciudadanos implica construir una ingeniería de Estado que priorice la inversión en sectores estratégicos, con un modelo productivo (bienes y servicios) y un modelo industrial (transformación en campos artesanal, agrícola, pesquero, minero, energético, aéreo). El bienestar debe ser el indicador de calidad de vida.

EL DEBATE PRESIDENCIAL

El debate presidencial reciente, en su primera ronda, mostró coincidencias en el diagnóstico y en señalar responsables del modelo vigente, pero sin propuestas nuevas. La democracia ha sido debilitada por ambiciones de lucro, depreciando el capital humano y reduciendo la visión global. Los recursos se sustraen y el pueblo sufre un modelo depredador.

Un primer momento de ello es la presencia de figuras otras a las que plantean las encuestas. El caso de Marisol Pérez Tello, Jorge Nieto y Mesías Guevara. Con conceptos distintos para leer la realidad, sapiencia para ver todo el engranaje normativo de este modelo vigente. Las medidas sobre la violencia se pueden componer en el flujo de aplicación de normativa, así como en las estrategias donde la ciudadanía debe decir el sí a un camino de transformar la realidad y ver la luz al fondo del túnel. Allí sí se requiere lo que propone de forma precisa y organizada, el candidato Roberto Chiabra. Sin embargo, otros candidatos como Rafael López Aliaga y KSFH evidenciaron limitaciones y agotamiento de ideas.

La segunda ronda debería centrarse en propuestas claras, temporales y estratégicas, con énfasis en el modelo social. Los candidatos deberían proponer, sobre todo los que han despertado expectativa, la temporalidad y estrategias, así como redundar en señalar el modelo social por el que apuestan. Es clave ese desmarque y la precisión del rumbo a tomar. Y, de seguro habrá mejor exposición de debate, el lunes 30 esperamos un gigante esfuerzo de Ronald Atencio. Para el marte 31, sobre todo en el dónde se encontrarán Marisol Pérez Tello, KSFH y Rafael López Aliaga, y el 1 de abril estarán Jorge Nieto con Alfonso López Chau.

LO QUE ESPERAMOS

Incorporar un modelo de desarrollo humano significa afirmar las capacidades como capital, diversificar sistemas internos y sostener un modelo social inclusivo. Amartya Sen entiende el desarrollo como expansión de libertades, y organismos internacionales tras la Segunda Guerra Mundial promovieron un desarrollo centrado en las personas, no solo en el PIB.

El Estado debe ser garante de una vida plena, con justicia social, salud pública, educación universal y cohesión intergeneracional. Como decía Titmuss: “El bienestar no es un lujo, sino una necesidad para la cohesión social.” Y como señalaba Thandika Mkandawire: “El estado de bienestar en el sur global es posible si se concibe como motor de ciudadanía.”

El bienestar es un campo de disputa ideológica, pero también un horizonte común de justicia. El Frente Amplio, en su propuesta, asumía este contrato social con saber regional y el principio del buen vivir: “No se trata de vivir mejor que el otro, sino de vivir bien en armonía con la naturaleza.”

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