
El histórico balneario de Tuquillo, en Huarmey, amaneció distinto. Restaurantes, picanterías, discotecas e incluso una concesión minera quedaron reducidos a escombros tras el operativo de desalojo realizado por autoridades, poniendo fin a décadas de actividad comercial en la zona.


La medida ha generado profunda tristeza entre los pobladores huarmeyanos, muchos de los cuales invirtieron sus ahorros y trabajaron durante años en estos establecimientos que dieron vida al balneario. Familias enteras dependían de estos negocios que, por mucho tiempo, recibían a turistas atraídos por los tradicionales ceviches, jugosos y platos marinos característicos del lugar.


Sin embargo, todo llegó a su fin. Las autoridades recordaron que el terreno pertenece al Estado y que, pese a los años de funcionamiento, no existían títulos de propiedad ni autorizaciones formales para operar.


El caso deja una dura lección: invertir en un terreno que no es propio, especialmente si es del Estado, conlleva un alto riesgo. Las normas se ejecutan sin excepciones y, como ha ocurrido en Tuquillo, décadas de esfuerzo pueden desaparecer en cuestión de horas.


El balneario, por ahora, queda en silencio. “Había una vez en Tuquillo”, dicen con nostalgia los vecinos, mientras ven cómo el lugar vuelve a su estado original.



