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columna de opinión: Que no nos arrebaten nuestro país

Perú enfrenta una crisis moral y política que impide transformar su riqueza geográfica y humana en un destino compartido de bienestar. Es necesario recuperar el sentido profundo de la ecología de la vida que articule ética, gestión pública y participación ciudadana para construir modelos productivos sostenibles y democráticos.

La realidad peruana, tiene un destino de locura, y que es un problema de la estructura mental del hombre, sobre qué destino abrazar con tanta riqueza en la geografía nuestra, y toda, deseándola y destruyendo sin que los millones  ciudadanos del país puedan decidir cómo vivir en ella en un estilo definido e integrado de convivencia, sobre qué destino productivo alcanzar como fruto de su riqueza y sentido de laboriosidad tan fecunda como para prosperar en bienestar, en su capacidades múltiples que pueden integrar el sentido mayor de felicidad compartiendo los espacios y recreando una ingeniería en la ecología de la vida, y es que el ser humano no está diseñado para dañarse y, menos dañar al otro, no es nuestro legado. El profundo sentido de la vida no recopila conceptos de agresión y menos de extinción por poder tan efímero como la acumulación.

Estamos asistiendo a tiempos donde aquello que puede estar en el subconsciente y que genera respuestas, intentando normalizar intenciones, en el drama de confrontar, arrebatar, pasar por encima, anteponer la fuerza y abandonar nuestro sentido espiritual por la ecología de la vida, desconociendo la capacidad de sabernos iguales por un acto natural y de conciencia, nos dice mucho de los constructos que fundamenten las conductas adictas para hacerse del poder.

La patria no se merece un debate del poder por el poder terminal, nuestro país merece un debate donde nuestra conciencia sea capaz de generar, de forma prospectiva, que la vida es la experiencia más profunda de nuestra propia condición, creadora, innovadora, espiritual, relacional, participativa, justa, y por tanto devolver al ejercicio de la política su natural concepto de servir generando modelos de convivencia armoniosas, equitativas, justas que puedan engrandecer a un país.

Lo visto, al ingresar a meses de campaña electoral, el cálculo egoísta de un sector que ha abandonado toda su condición humana para desear el poder, y someter al país al caos, esgrimir argumentos engañosos, sin condición alguna de darse cuenta, sin beber tomos de conciencia, es que el modelo de hacer política no tiene razón humana que pueda consistenciar esas propuestas. Para este sector no le basta haber sentenciado pueblos con dolor, lágrimas y ausencias sentidas, o en algunos casos haberlos desaparecido. No les basta la arquitectura de corrupción que emanaron antes y que hoy están exponiendo por más poder. ¡Tanta será la necesidad!

Lo visto hace dos noches es la expresión que la patria no va por ese camino duro de mentiras, acuerdos sobre intereses de privados, zancadillas en la intensidad de una disputa existencial por un poder político presente que no sirve; lo que han logrado es llevarnos al concepto que este modelo democrático esta cuestionado muy seriamente por sus resultados, así como de sus gestores.

Creemos que existe una necesidad de poner orden, de participar, de levantar la pasividad, de desanclar nuestro espíritu para señalar que ese no es el destino deseado para millones de ciudadanos. Es lamentable ver quiénes son los actores políticos de la mentira, el arrebato, la colusión. También, medios de comunicación olvidando su sentido de magisterio de intercomunicar a los pueblos participando en este modelo político insano, convirtiéndose en lavandería de lo sucio y asqueroso.

Aunque dicen que cuando llega la noche los ríos en su claridad y transparencia divina sólo te devuelve, al mirarte en ella, el reflejo de lo que haces, de lo que eres, y no que hay posibilidad de escapar del destino que te muestra, es lo que eres. Y es que la realidad nos los dice todos los días. Corrupción, asesinatos, mentiras expuestas como santos caminos, faltas de respeto a la vida, a la naturaleza, asistimos a tiempos donde nada tiene sentido, donde el modelo social ha sido viciado, donde los candidatos pueden expresar un punto de vista que no refleja la aspiración misma de nuestra condición de humana.

Es urgente volver a nuestras fuentes, a nuestra ecología de vida con el sentido de elevarnos por encima de todo esto. Que los hijos puedan tener posibilidad de apreciar la vida en su sentido maravilloso, que la construcción de un modelo de país prospectivo les dé las señales de la viabilidad de sus vidas, en todo lo ancho y largo de la patria. Un país donde nuestras familias se sientan integradas, laboriosas en la construcción de un destino en un país bueno, hermoso, deseable para la vida. Donde la convivencia pueda hacer de nuestra vida el legado para que el bien hacer prime para continuar los legados en nuestras regiones.

Que en estos meses previos a la elección podamos tomar conciencia en familia. Pensar en nuestro legado de historia familiar para ubicarnos en el mundo, en nuestra comunidad y en nuestro país. Es un llamado a la comprensión que los cambios en el destino presente se gestan en oportunidades especiales, y creo toca hacerlo en abril.

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