
- Índice de muertes de pacientes con VIH no han podido recuperarse a niveles pre pandémicos.
- En Perú viven aproximadamente 98 mil personas con VIH.
Los índices de mortalidad por VIH se elevaron en 48.7% en el Perú durante la pandemia y no han podido recuperarse, reveló un estudio realizado por el Dr. Yordanis Enríquez, jefe del Departamento de Investigación de la Universidad Católica Sedes Sapientiae (UCSS).
“Durante el 2020 – 2021 se registraron 3,357 muertes de pacientes con VIH, lo que representó un notable incremento frente a los 2,258 fallecimientos reportados en el periodo pre pandémico 2018 – 2019. Las cifras indican que, en marzo de 2020, apenas decretada la emergencia sanitaria, hubo un cambio abrupto con un aumento inmediato de 56.3 muertes adicionales por mes”, dijo Enríquez.
Si bien la mortalidad por VIH/SIDA mostró una disminución durante 2023, los niveles no retornaron completamente a las trayectorias pre pandémicas. Además, entre julio de 2023 y diciembre de 2024 se observó un nuevo aumento moderado pero significativo, con un incremento mensual del 1.52%.
“Las cifras de mortalidad no han retornado completamente a niveles pre pandémicos, echando por tierra todos los avances registrados en la lucha contra esta enfermedad hasta antes de la COVID-19. Casi borró una década de progreso”, advirtió. Agregó que en Perú viven aproximadamente 98 mil personas con VIH.

Las causas: no fue solo COVID-19.
Según Enríquez, la mortalidad por VIH durante la pandemia no se explica por una sola causa, sino por dos grandes vías que actuaron simultáneamente. Por un lado, la vulnerabilidad de los pacientes frente a la COVID 19, y por otro, la fragilidad del sistema de salud y de los servicios para esta enfermedad.
“Durante la pandemia, solo el 38% del exceso de muertes se debió a casos donde VIH y COVID 19 aparecían juntos en el certificado de defunción. Es decir, personas con este mal que, al infectarse con SARS-CoV-2, tuvieron un riesgo mucho mayor de fallecer por su condición de inmunosupresión”, precisó el investigador de la UCSS.
Sin embargo, el componente más importante del exceso de mortalidad provino de las muertes por VIH sin COVID 19. “El 62% restante del exceso de fallecimientos se explica con el impacto indirecto de la pandemia: interrupciones en pruebas, retrasos en el inicio o continuidad del tratamiento antirretroviral, dificultades para recoger medicamentos y la reducción de la capacidad hospitalaria para atender complicaciones relacionadas con el VIH”, añadió.

Los más vulnerables.
“No todos los peruanos con VIH enfrentaron el mismo riesgo de morir durante la pandemia”, puntualizó Enríquez. El perfil del paciente que enfrentó mayor vulnerabilidad durante la pandemia es el de una persona mayor de 50 años, con bajo nivel educativo, usuaria de un seguro público como el SIS, muchas veces en empleo informal o con ingresos inestables, y con menor capacidad para exigir o sostener continuidad de atención.
“Las personas de 50 años o más fueron el grupo más golpeado. Las muertes en este grupo aumentaron de 992 en el periodo 2018 – 2019 a 1,755 durante los dos años de pandemia, un exceso del 76.9%”, señaló.
Otro factor de vulnerabilidad fue el bajo nivel educativo. Las personas con secundaria o primaria y, sobre todo, quienes no tenían instrucción formal, concentraron gran parte del exceso de muertes.
“Por ejemplo, las muertes en personas sin educación formal aumentaron un 75%, y en el grupo con instrucción “desconocida” el exceso fue de 83.4%. En contraste, quienes tenían educación universitaria mostraron incrementos menores”, manifestó el investigador de la UCSS.
Finalmente, el tercer eje clave es el tipo de aseguramiento, pues los usuarios del Seguro Integral de Salud (SIS) y de otros esquemas públicos concentraron la mayor parte de las muertes, mientras que quienes tenían seguro privado mostraron una carga mucho menor.
“Los hallazgos de nuestro estudio muestran que la pandemia no solo generó un impacto biológico directo sobre las personas que viven con VIH, sino que también expuso fallas estructurales del sistema de salud que amplificaron desigualdades preexistentes. Por ello, las recomendaciones se orientan a fortalecer la resiliencia del sistema y a proteger a los grupos más vulnerables”, concluyó.



